Mientras los sectores agropecuarios navegan la tormenta de costos, la minería ecuatoriana está viviendo un momento que merece más atención estratégica de la que está recibiendo.
Las exportaciones de concentrado de plomo y cobre alcanzaron USD 252 millones en enero de 2026, con un crecimiento del 128% interanual. Otros productos mineros sumaron USD 135 millones (+58,9%). El oro añadió USD 96 millones (+25,5%). En conjunto, los productos mineros no petroleros crecieron un 32,2% en valor y un 19,3% en volumen, convirtiéndose en el segmento de mayor dinamismo de la canasta exportadora ecuatoriana. [Fuente: BCE, Boletín de Comercio Exterior, marzo 2026.]
Esta expansión no ocurre en un vacío. Ocurre exactamente en el momento en que EE.UU. lanzó el «Project Vault», una reserva estratégica de minerales críticos de USD 12.000 millones con el objetivo explícito de contrarrestar la dependencia de China, que controla el 70% de la minería global de tierras raras y el 90% del procesamiento. Washington está buscando activamente socios proveedores de minerales. Ecuador, que hasta hace poco era visto principalmente como un exportador de commodities agrícolas, ha aparecido en ese mapa por primera vez como un actor relevante en seguridad de suministro de minerales.
La señal para la alta dirección
La combinación de crecimiento minero acelerado, interés estratégico de EE.UU. y [proyección de PIB de entre 1,8% y 2,0% para 2026, según el Banco Central del Ecuador y los principales organismos internacionales,] construye un argumento que los grupos económicos ecuatorianos no pueden ignorar: la minería es, en este momento, el único motor con capacidad de compensar el enfriamiento del mercado interno y la presión de costos sobre el agro.
Pero hay una distinción importante que los datos de exportación no capturan: los USD 252 millones de concentrado no generan el mismo empleo ni la misma derrama económica local que [los USD 729 millones de camarón exportados ese mismo mes, según el BCE.] La minería exporta valor bruto con baja transformación local. El reto de política (y de estrategia empresarial) es capturar la oportunidad sin reproducir la lógica extractiva que históricamente ha dejado poco valor en el territorio.
Para el operador logístico, la señal es diferente: la minería requiere infraestructura especializada, manejo de carga peligrosa según normativa IMDG, rutas específicas hacia Asia (donde va la mayor parte del concentrado) y capacidad de almacenamiento diferenciado. Es un segmento de alta complejidad técnica donde hoy hay pocos operadores preparados y una demanda creciente. La ventana para posicionarse en ese nicho está abierta.