Durante los últimos meses, el Mar Rojo y el Canal de Suez han vuelto a ocupar un lugar central en la conversación logística global. No tanto por un evento puntual, sino porque las decisiones que se están tomando alrededor de este corredor evidencian un cambio más profundo: la normalidad dejó de ser un concepto compartido.

Suez sigue siendo uno de los corredores marítimos más críticos del comercio global, especialmente para el tráfico de contenedores que conecta Asia, Medio Oriente y Europa. Sin embargo, su operación ya no responde a una lógica uniforme. Mientras algunas navieras han comenzado a reactivar servicios específicos a través del canal, otras mantienen desvíos por el Cabo de Buena Esperanza, priorizando previsibilidad frente a riesgos que todavía no consideran completamente despejados.

Los datos reflejan esa fragmentación. En las primeras semanas del año, el tránsito por Suez mostró una recuperación parcial, pero lejos de los niveles previos a la crisis del Mar Rojo. Al mismo tiempo, una parte relevante de la flota global continúa operando rutas alternativas, aceptando mayores tiempos de tránsito y costos adicionales a cambio de mayor estabilidad operativa. No hubo una decisión sectorial coordinada, sino ajustes definidos por naviera, servicio y tipo de carga.

Para los exportadores e importadores, esta dualidad se traduce en un escenario más complejo de planificar. La incertidumbre ya no está solo en cuántos días tarda un embarque, sino en qué tan confiable es la ruta elegida. Dos cargas con destinos similares pueden enfrentar itinerarios, recargos y ventanas de llegada distintas, aun saliendo en fechas cercanas. Esa variabilidad reduce la capacidad de anticipación y obliga a revisar compromisos comerciales con mayor cautela.

En mercados como Ecuador, el efecto se amplifica. La distancia convierte cualquier desvío en una variable crítica para costos, inventarios y cumplimiento de plazos. Cuando el sistema global opera con decisiones no sincronizadas, los márgenes de maniobra se estrechan, sobre todo para cargas sensibles al tiempo o a ventanas comerciales específicas.

La gestión de capacidad sigue siendo otro factor determinante. La continuidad de cancelaciones selectivas de salidas y la administración activa de flota permiten a las navieras absorber volatilidad, pero también introducen mayor complejidad para quienes dependen de servicios regulares. Asegurar espacio ya no es suficiente, ni tampoco lo es elegir únicamente el flete más bajo; hoy importa en qué servicio se embarca, bajo qué condiciones y con qué nivel de previsibilidad real.

Más que preguntarse si Suez “volvió” o no, la discusión relevante pasa por entender cómo operar cuando un corredor clave funciona bajo reglas cambiantes. La estabilidad, entendida como comportamiento homogéneo del sistema, dejó de ser el punto de referencia.

En 2026, el Mar Rojo y el Canal de Suez siguen siendo rutas clave, pero ya no ofrecen una lógica compartida. Cada decisión logística —por dónde ir, con quién embarcar, bajo qué condiciones— exige hoy una lectura táctica, no solo operativa. Para empresas que exportan desde economías pequeñas y distantes, como Ecuador, el riesgo no está solo en moverse lento, sino en moverse sin contexto.

En Grupo Transoceánica, asumimos ese rol: ser el partner que ayuda a leer el sistema, anticipar escenarios y tomar decisiones con criterio. Porque hoy, entender la ruta es tan importante como recorrerla.

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